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Lord Foster toca el cielo

Si Norman Foster subiera a la azotea de uno de sus rascacielos para contemplar una panorámica de su vida se encontraría con un niño de Manchester nacido en una familia de clase de obrera, apasionado por la arquitectura desde la adolescencia, que no pudo ir a la universidad hasta los 21 años por falta de dinero y que desde entonces empezó a subir por la escalera del éxito ganando todos los premios a los que se presentaba.
Lord Foster obtuvo ayer el que es por ahora el último premio de su prolífica carrera, el Príncipe de Asturias de las Artes. El jurado del galardón resaltó el compromiso del inglés con «el desarrollo sostenible» y su «original dominio del espacio, la luz y la materia».
Mucho antes de que se convirtiera en una moda, Foster reivindicó la arquitectura ecológica por la vía de los hechos y de los sueños. En el primer edificio que le metió en la élite de la profesión, la sede de una empresa familiar en Ipswich (Reino Unido) terminada en 1974, Foster puso un especial empeño en la conservación de energía y en la creación de un sentido de pertenencia a la compañía entre los empleados, lo que consiguió con espacios abiertos de trabajo en vez de despachos -hoy la norma- y con una última planta con piscina olímpica, gimnasio y jardines en la azotea. Entre ese proyecto y el último encargo para el emirato árabe de Abu Dhabi, en 2008, median 34 años en los que Foster no ha perdido su fe en la utopía verde, convertida hoy, en su opinión, en una necesidad. El arquitecto hará de la ciudad de Masdar la primera urbe libre de emisiones de carbono del mundo, con agua potable procedente de plantas desalinizadoras alimentadas por energía solar, aire acondicionado dependiente de la energía eólica y un sistema de transporte con pequeños vehículos que se moverán sobre vías magnéticas.
El artífice, entre otras, del metro bilbaíno, siempre ha encontrado en la tecnología un aliado para sus proyectos. Los brazos metálicos de apoyo es una de sus marcas de identidad, como la edificación de rascacielos, que modificó emplazando los ascensores en los laterales, para liberar los espacios centrales y construir grandes atrios y zonas de encuentro con frecuencia ajardinadas, como las del Commerzbank de Francfort, el edificio más cercano al cielo de Europa, con 259 metros de altura.
Foster fue en la escuela un alumno brillante, aunque tuvo que abandonar los estudios a los 16 años para ganarse la vida. Trabajó en diversos empleos antes de enrolarse en la aviación británica, donde aprendió a pilotar, una de sus grandes aficiones que suele poner en práctica en su avión privado.
Sensibilidad ciudadana
El chico de un barrio de Manchester tuvo una temprana admiración por el visionario Frank Lloyd Wright, el arquitecto del Guggenheim de Nueva York, y por el maestro de los edificios funcionales, Le Corbusier. Entró en la universidad de su ciudad a los 21 años, brilló en sus aulas y ganó una beca para sus estudios de posgrado en Yale, el exquisito campus universitario de EE UU.
Allí se encontró con Richard Rogers, el arquitecto del centro de arte Pompidou de París y de la T-4 del aeropuerto de Barajas. Con él montó su primer estudio profesional, Team 4, en el que también estaban las hermanas Cheesman, Georgie y Wendy, su futura mujer. Desde 1967, la pareja tuvo su propia firma y empezó a colaborar con otro de los históricos de la arquitectura moderna, Richard Buckminster Fuller, pionero en la defensa de las energías renovables. Fue a partir de los setenta cuando se centró en la construcción de rascacielos, un tipo de edificio que hoy vuelve con fuerza por los motivos que empujaron a Foster a construirlos: su eficiencia ecológica mediante el uso pertinente de la tecnología.
Al lord de la clase obrera le colgaron la etiqueta de arquitecto ‘high tech’, que se quedaba corta por el olvido de la dimensión social de su trayectoria. Nombrado lord poco después de ganar el premio Pritzker, en 1999, y casado en terceras nupcias con la española Elena Ochoa, la famosa ‘doctora del sexo’ en la televisión de los noventa, Foster no es ajeno a la crisis ni a la polémica. En febrero anunció su intención de despedir a 400 de los 1.300 empleados de su empresa. Además, firmó una carta contra el príncipe Carlos por criticar un edificio de su ex socio.

Written by admin on Junio 30th, 2009 with no comments.
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