El riego de alta tecnología solo para los grandes

La disminución de los costos de producción y la protección contra la sigatoka negra fueron clave para que en la hacienda bananera María Paula decidieran cambiar los sistemas de riego.

La plantación de 170 hectáreas está en Milagro (Guayas). Allí se reemplazó el mecanismo del gran cañón (un chorro que regaba todo el terreno) por un sistema de aspersión que va directo al tronco de la planta.
El administrador, Agustín Neira, dice que el ahorro fue inmediato. Se redujo el uso de fertilizantes en la plantación, porque el aspersor subfoliar (debajo de las hojas) riega lo necesario.

Neira explica que con el gran cañón se gastaba USD 2,10 por hectárea, ahora con el aspersor son 1,75. “Las ventajas son que se riega el área donde necesita la planta. Se aprovecha el agua y también se utiliza en la aplicación de fertilizantes con más eficiencia.

También hay menos humedad y por tanto menos maleza que controlar”.

Las plantaciones de banano fueron las pioneras en los sistemas de riego tecnificados, explica Édison Cabrera, gerente general de Netafim. En los últimos dos años se instaló el riego por goteo en nueve hectáreas para probar su efectividad. “El ahorro y la productividad mejoraron. Ahora los dueños van a instalar el sistema en 100 hectáreas”.

La experiencia también se replica en los cultivos de cacao. Francisco Miranda, administrador de la hacienda Pacific Cocoa, ubicado en la parroquia rural Cerecita (Guayaquil), señala que los dispositivos que se instalaron en las 180 hectáreas de cultivo no ocasionan daños en la floración debido a que el chorro es más disperso y riega solo la parte baja del tronco. Ese sistema se llama microaspersión y también se utiliza en plantaciones de mango, por ejemplo.

Santiago Ponce, subgerente del Litoral de Israriego, explica que en tecnologías la Sierra es la más avanzada. Las plantaciones de flores tienen incluso dispositivos manejados por computadoras, que les permite racionalizar el agua según el clima y la necesidad de la planta.

En la Costa, la situación es diferente. Los agricultores de cultivos extensivos, como arroz, maíz y soya, aún utilizan sistemas precarios como los surcos. Los agricultores abren canales en medio de las plantas, con una pequeña bomba succionan el agua de los pozos, ríos o esteros y luego la transportan por tuberías. Los canales se llenan y luego el líquido se distribuye a las plantas.

En el país se riegan 830 000 hectáreas, pero el mayor porcentaje lo ocupan los sistemas tradicionales (ver cuadro).

Los costos son la principal causa, pues en ese sistema la inversión inicial es de USD 200 por hectárea, más la compra de la bomba que supera los 300.

En cambio, los más avanzados valen entre USD 1 500 y 2 500 por hectárea, incluidas las tuberías, los dispositivos de aspersión y el diseño. Pero no se cuentan las bombas de succión.

El negocio del riego mueve USD 18 millones al año. Tres empresas lideran el mercado: Israriego, Netafim y Plastigama. También hay distribuidores y otras empresas informales.

Según Cabrera, el crecimiento anual está entre el 10 y el 15%. El 50% de las ventas está destinado al sistema por aspersión y el otro 50% para el sistema por goteo. En este último, la floricultura ocupa el 75% de utilización y el resto está en la horticultura (cebolla, tomate, pimiento).

Plantas subsidiarias e incluso con fábricas propias, como las de Israriego, exportan los sistemas a a Perú y a Colombia. También se da asesoría en diseños de riego.

La inversión es alta en equipos

Una de las formas de mejorar y optimizar el recurso agua es utilizando el riego tecnificado, especialmente en riego por goteo, aspersión y microaspersión.

Lamentablemente el costo por hectárea es elevado y eso es lo que ha limitado a pequeños y medianos inversionistas. Los cultivos que tienen más posibilidades de utilizar el mecanismo son los de exportación, tipo frutales como mango, guayaba, cítricos y en la actualidad el cacao. Lo que falta es un política de estado para créditos en riego.

Antes de obtener un sistema, el productor debe tener un cultivo que pueda amortizar la inversión. Es importante que las compañías orienten sobre el sistema más adecuado, porque el agricultor no sabe. Por eso, hay problemas porque no da la cantidad de agua que quiere el cultivo y debe renovarlo a los dos años de instalado. Por eso se da la deserción y eso es frecuente.

Written by alibio on Septiembre 12th, 2008 with no comments.
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