Agua, paisaje y patrimonio de los ríos
Ha finalizado una nueva edición de los Cursos de Patrimonio Histórico de la Universidad de Cantabria con el título ‘Agua, paisaje y patrimonio de los ríos’. Han sido numerosos los cursos y coloquios que, bajo similares títulos, se han realizado en nuestro país en diferentes ámbitos de nuestras universidades. No podemos obviar la posible influencia de la Exposición de Zaragoza en estos titulares, quizás con un cierto oportunismo y, sobre todo, los debates políticos sobre los trasvases entre cuencas hidrográficas.
Este escenario tan actual y llamativo ha velado, sin embargo, otra realidad que nos atreveríamos a definir de dramática que es la situación del patrimonio natural y cultural de nuestros ríos. En él, un nutrido grupo de profesores y profesionales de diversas disciplinas, dentro de un amplio concepto del significado de patrimonio cultural, y en relación con los espacios fluviales, ha tratado de conocer y divulgar la actual situación de nuestro patrimonio fluvial.
Cultura y Naturaleza han sido ampliamente tratadas desde el marco académico, pero, y esto es lo que parece más importante, en estos ya tradicionales cursos organizados por el catedrático de la U.C. José Manuel Iglesias en Reinosa, se ha dejado testimonio crítico de una realidad alarmante.
Por un lado el nivel de degradación medioambiental y geomorfológico de nuestros ríos ha llegado a un estado difícilmente soportable. La degradación biológica, las transformaciones antrópicas, la invasión urbana o de grandes infraestructuras metropolitanas de áreas naturales de los cauces, con los reconocidos peligros de inundabilidad, alejan ese deseable reencuentro armonioso de ciudades y campos con sus ríos
Las medidas a adoptar para invertir el proceso son urgentes. Es necesario simplificar una verdadera maraña de competencias y ámbitos territoriales inconexa para una gestión racional y coordinada de la planificación territorial. Se apuntó que en el desarrollo de la actual Estrategia Nacional de Restauración de Ríos se debían gestionar los proyectos por ámbitos de cuencas secundarias dentro de las confederaciones hidrográficas.
Pero lo que fue más significativo, y quizás poco conocido, es el grado de deterioro del patrimonio edificado de nuestros ríos. Los territorios fluviales no son, no han sido nunca, espacio natural exclusivamente. Nuestros ríos guardan el testimonio de los pueblos ribereños, con una trama de obras ancestrales, hoy un inmenso cúmulo de ruinas, a veces bellísimas, que a modo de cicatrices modelan nuestras riberas. Pensemos en los molinos, en los batanes, las ferrerías, salinas, almazaras y todo cuanto artificio inventó el hombre aprovechando la energía del río para proporcionar los alimentos, los utensilios de trabajo, la ropa, el papel o la sal y que explican el acontecer de nuestros pueblos tanto como aquellos grandes episodios que se resaltan en nuestros textos de historia.
Pues bien, nuestro patrimonio fluvial ha sufrido tal degradación que ni siquiera es valorado como un bien de calidad para la vida de nuestros pueblos, vínculo de reconocimiento con nuestro pasado, y que está, según los datos aportados en este curso, en trance de desaparición.
Los cerca de 1000 km del río Ebro, soporte de la actual exposición de Zaragoza, antaño jalonados por innumerables molinos y artificios para el aprovechamiento energético de sus aguas, ya sólo disponen de los restos de una ferrería, de un solo molino de aceite, de ninguna de las espléndidas norias bajo-aragonesas salvo la recientemente restaurada, la del Monasterio de Rueda en Zaragoza, la última máquina de vapor de regadío, tristemente abandonada, obra de los mismos fabricantes de la torre Eiffel y la estación DŽOrsay y un escasísimo número de molinos, algunos únicos por su tipología en nuestra península.
¿Qué fue de aquellos 22.000 molinos que alguien contabilizó el pasado siglo? Nuestras cuencas hidrográficas no tuvieron mas que proyectos frustrados intentando seguir el camino de los grandes ríos navegables europeos, fue toda una utopía a lo largo de los tiempos. Nuestra geografía y el retraso histórico de siglos anteriores, hicieron sucumbir el ideario de las grandes infraestructuras hidráulicas con la aparición del ferrocarril. Pero la riqueza de nuestra tecnología hidráulica no era esa sino el gran mestizaje de tecnología árabe-romana de este patrimonio edificado que heredamos y que en algunos aspectos, es única en el ámbito europeo. ¿Dónde encontramos noriales de batería de tres norias continuas de hasta 16 metros de altura como la de nuestro Ebro? ¿Dónde aceñas como las hoy olvidadas de Tordesillas? ¿Y la obra hidráulica de Córdoba?
Aún tenemos una oportunidad que podemos acometer antes de llegar a una situación irreversible. Las grandes ciudades ribereñas ya se desperezan del letargo y desidia: las ciudades como Córdoba recuperan su río, sus molinos, norias y sotos y se colocará al máximo nivel equiparable a las ciudades ribereñas europeas; las grandes ciudades portuarias en su zona intermareal ya van restaurando sus riberas pero, aunque en ocasiones son muy llamativas, tienen escaso éxito para su patrimonio tradicional. Pero el territorio rural, los ríos de nuestros campos, camina de bruces a una renuncia de su propia historia y testimonio.
Evidentemente que este curso de Patrimonio Histórico de la Universidad de Cantabria tenía su labor formativa pero no ha dejado ni un momento de latir la urgencia de conocer nuestro patrimonio, de recuperar la naturaleza propia de los ríos, su biodiversidad y en armonía con las actuales condiciones de vida contemporánea, pero también en coexistencia con nuestro pasado.
Con Directrices, o Estrategias de restauración, en los espacios de dominio público, la Administración Central, en convenio con las administraciones autonómicas y locales y con las normativas vinculantes europeas, como el recientemente suscrito Convenio Europeo del Paisaje, podrá impulsar definitivamente en nuestro país los proyectos necesarios para la restauración natural y cultural de nuestros ríos.
Pero esos proyectos de restauración deben de contar previamente con los inventarios precisos que valoren también el patrimonio edificado en los ríos, hoy en un olvido generalizado, y que sean asumidos por las administraciones culturales de las diferentes administraciones y redactados por especialistas en estas disciplinas.
Hay un acuerdo unánime para recuperar los ríos como el entorno de calidad de vida deseable. El medio natural y el cultural forman una unidad territorial inseparable y que es el reflejo de nuestro propio pasado.
Written by admin on Agosto 18th, 2008 with
no comments.
Read more articles on Escasez de agua.
- [+] Digg: Feature this article
- [+] Del.icio.us: Bookmark this article
- [+] Furl: Bookmark this article