El agua como arma de guerra

Los Altos del Golán, sobre los que Israel y Siria negocian de nuevo después de ocho años de pausa, son doblemente estratégicos. Desde la disputada meseta se divisan tanto Damasco como la Alta Galilea, en Israel. Pero además, en el territorio se sitúa el nacimiento del Río Jordán, la principal fuente de abastecimiento de agua del Estado judío, además de los palestinos y Jordania.

La soberanía sobre el Golán, de apenas 1.150 kilómetros cuadrados de superficie, implica por lo tanto el control sobre un bien escaso en Oriente Próximo, que es motivo de décadas de disputas y, al mismo tiempo, una de las claves para alcanzar la paz. También la solución al conflicto entre Israelíes y palestinos depende en gran medida del control sobre los recursos hídricos en la que es una de las regiones más secas de todo el planeta.

Incluyendo el agua destinada a la industria y la agricultura, la ONU estima en unos mil metros cúbicos por persona y año el consumo mínimo que necesita un país para que su economía se desarrolle sostenidamente. Ante la escasez regional, Israel y Jordania están muy lejos de alcanzar ese límite, con 370 y 220 metros cúbicos respectivamente. En el caso de los palestinos apenas llega a 100 metros cúbicos per cápita.

El agua empezó a convertirse en un elemento en disputa ya en los años 50 y 60, cuando Israel construyó un acueducto que hasta hoy transporta el agua desde el Lago Tiberiades, el principal depósito de agua dulce de la región, hasta el sur del país. En 1964, la Liga Árabe contrapuso a dichas obras el plan de redirigir las fuentes del Jordán antes de que el agua llegue a Israel, lo que hubiera sido catastrófico para el Estado judío.

Sin embargo, la Guerra de los Seis Días de junio de 1967 truncó por completo dichos planes. En el ataque preventivo, Israel invadió los Altos del Golán, dando lugar a una ocupación que dura todavía hasta hoy y que es el tema central en las negociaciones entre el Estado judío y Siria, mantenidas indirectamente bajo mediación turca.

En 1967, el Israel ocupó Cisjordania, donde precisamente se encuentra también la mayor concentración de aguas subterráneas de la zona. Desde entonces, los palestinos ya no tienen permitido perforar nuevas fuentes para la extracción de agua y deben pedir autorización incluso para reparar las viejas bombas averiadas.

Debido a ello, el consumo de los palestinos ha quedado prácticamente estancado a los niveles de hace 40 años, mientras el agua no extraída por ellos fluye hacia los asentamientos judíos o hacia territorio israelí para paliar la gran escasez de agua de lluvia. Según un estudio del Banco Mundial, Israel utiliza cuatro quintas partes del las aguas subterráneas bombeadas en Cisjordania.

Para que los palestinos puedan llegar a disponer de su propio Estado, sus autoridades deben recibir también la soberanía sobre sus reservas de agua. En los Acuerdos de Oslo de 1993, se autorizó a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) a establecer una instancia oficial para la administración y distribución del agua. Pero la cuestión de los derechos sobre las reservas se pospuso hasta las negociaciones sobre un acuerdo de paz definitivo, retomadas tras siete años de pausa en noviembre durante la cumbre de Annapolis.

Al tema del agua va intrínsecamente unido el de las fronteras definitivas de Israel y el ansiado Estado palestino. En el marco de un acuerdo de paz, Israel aspira a integrar en su territorio los barrios judíos del sector oriental ocupado de Jerusalén y otros grandes asentamientos en los alrededores de la ciudad, pero también una Franja de varios kilómetros a lo largo de la “Línea Verde” que separa Cisjordania del territorio hebreo.

Junto a dicha línea de demarcación se encuentran algunos de los asentamientos judíos más grandes de Cisjordania y emplazamientos adecuados para perforar fuentes de agua.

La cooperación en el tema del agua ya fue uno de los puntos principales en el acuerdo de paz firmado en 1994 entre Israel y su vecina Jordania. Una ventaja al respecto fue que entre ambos países no había disputas territoriales ligadas al agua, a diferencia de en los conflictos con los palestinos y Siria.

Según lo acordado hace ya 14 años, Jordania recibió una participación mayor en el caudal del Yarmuk, un afluente del Jordán. Además, puede bombear agua del Lago Tiberiades en temporadas de sequía, al tiempo que ambos países acordaron trabajar conjuntamente en la búsqueda de nuevas fuentes hídricas.

Written by admin on Julio 2nd, 2008 with no comments.
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