Agua en el desierto

En el refinado restaurante del hotel Marriott de Kuwait los camareros sirven las copas de agua y se reservan la botella. Nunca falta agua en las copas pero son ellos, los camareros, quienes administran el preciado caudal. Kuwait es el único país del mundo donde no hay agua dulce, ni una gota, de manera que tanto la que fabrican en las desaladoras como la que importan de Irán y los Emiratos Árabes alcanza categoría de exclusividad, de ahí que el comensal apure hasta el último sorbo.

Kuwait –un gran desierto tocado en un extremo por el mar– es uno de los mejores referentes mundiales de adaptación al medio seco. El 80% del agua que consume el país –ahora mismo en pleno desarrollo turístico– proviene de la desalinización del agua del mar y del tratamiento de aguas residuales, mientras que el resto se importa. Sin la costosa conversión de agua marina en agua dulce, los estados del Golfo Pérsico en general, y Kuwait en particular, no podrían sostener ni su población ni su desarrollo. Por esta razón, en su retirada tras la invasión en 1990, las fuerzas iraquís destruyeron la mayor parte de los gigantescos complejos de desalinización que tenía Kuwait y vertieron millones de barriles de crudo directamente en el agua del Golfo con el propósito de obstruir las desaladoras. Antes habían bombardeado los pozos de petróleo, de los que unos 600 estuvieron ardiendo durante meses. Sin agua y rodeados de fuego los kuwaitís planificaron el futuro en el que trabajan con aguda perspectiva y con la brújula puesta en un desarrollo que sea sostenible.

PANTANOS SUBTERRÁNEOS Reponerse a los bombardeos iraquís, que provocaron gravísimos daños medioambientales, ha sido difícil y muy costoso. Pero los kuwaitís, pueblo orgulloso donde los haya y muy rico –sobre todo, muy rico–, han hecho de la necesidad una gran proyección de futuro aprovechando la preponderancia que desempeña el sector privado en la gestión del agua. El Gobierno kuwaití ha confiado sus últimos megaproyectos a El Kharafi, principal grupo financiero del país, y a la americana General Electric Ionics, que junto con un grupo de bancos privados está perfeccionando el último avance: el tratamiento de las aguas residuales. La reutilización y el ahorro de agua serán el eje del pabellón que este país del Golfo Pérsico tendrá en la Expo de Zaragoza, y que fue presentado el pasado 25 de marzo en la capital de Kuwait ante periodistas extranjeros, entre los que había un reducido grupo de españoles.

En dos años y medio las citadas empresas construyeron en Sulaibiya –al norte del país– la planta de tratamiento de aguas más grande del mundo y la única que está bajo tierra. Con una capacidad de tratamiento de 600.000 metros cúbicos diarios, la planta estará en manos privadas hasta el 2032, fecha en que pasará a ser gestionada por el Estado, cuyo objetivo estratégico es convertir el agua tratada en esta planta en un gran acuífero para formar lo que podrían denominarse pantanos subterráneos que resolvieran definitivamente un problema crucial.

El 4 de noviembre del 2004, dos años después de iniciarse las obras, esta planta produjo la primera gota de agua potable. Lo explica la jefa de Planificación del Ministerio de Obras Públicas, Huda Alkhady, quien regala a los periodistas españoles un botellín de agua de esta planta para que prueben su calidad. Todos la guardan con el fin de utilizarla en sus trabajos posteriores, pero Alkhady interpreta el gesto como recelo de los españoles para beber un agua que procede de inexplicables desagües. No se sorprende y explica que los kuwaitís también le hicieron ascos al principio, aunque poco a poco el agua de la megaplanta de Sulaibiya empieza a formar parte del consumo de boca tras un laborioso proceso bacteriológico, gracias al cual, afirma, “se ha conseguido superar los niveles de calidad que determina la Organización Mundial de la Salud”. Huda Alkhady admite que esta planta, que usa la tecnología de ósmosis inversa, tiene un alto índice de contaminación y que el proceso de depuración resulta caro. Pero la definición de “caro” en boca de Alkhady es indefinible, pues a Kuwait le sobra la energía que utilizan en el proceso.

TRIPLE RED DE VERTIDO Si el agua es el principio de todas las cosas para el futuro de Kuwait es también un recurso crítico, razón por la que las autoridades están firmemente empeñadas en hacer un uso racional y disciplinario: el proceso de reutilización es una fórmula tan enrevesada que la red de vertido se llega a triplicar según sea el origen y el destino del agua. El hecho de que su economía sea muy próspera ayuda a solucionar la penuria hidráulica, pero no resuelve el problema.

Kuwait es el cuarto mayor exportador de petróleo de Medio Oriente; produce 2,4 millones de barriles diarios lo que representa el 75% de los ingresos del Gobierno, según la OPEP. Pero las reservas de petróleo tienen fecha de caducidad, aunque sea a largo plazo, y ahora mismo para el emirato es crucial la transformación del país en un centro financiero, al estilo de Dubai o Barhein. Para ello, el parlamento derogó en diciembre una ley que obligaba a las compañías extranjeras a pagar en impuestos hasta el 55% de sus ganancias. La nueva legislación, que reducirá los impuestos al 15%, puede ser un buen señuelo para atraer inversión extranjera a un país que es el tercer mayor inversor de Alemania y que cuenta con ciudadanos privados que prestan su dinero a la banca internacional.

Written by admin on Abril 10th, 2008 with no comments.
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